Debemos evitar que el exceso de confianza, aumente nuestro orgullo.

Ya que todo lo que hacemos, lo hacemos para DIOS. Somos instrumentos en las manos de Dios. Pero muchas veces, cuando empezamos a tener éxito con nuestro trabajo en el ministerio infantil o con adolescentes, nos gana el orgullo y creemos que somos nosotras con nuestras propias fuerzas las que conseguimos eso.
Cuando recibimos el llamado a ser maestras de escuela bíblica, debemos aprender muchas nuevas habilidades y destrezas. No solo debemos instruirnos en la palabra, sino también debemos aprender a enseñar de una manera que nuestro futuro grupo nos entienda.

Lleva tiempo convertirse en la mejor maestra para nuestra clase. No se logra de la noche a la mañana. Pero una vez que lo conseguimos, vamos a sentir satisfacción por el camino recorrido y por las habilidades aprendidas.

Es ahí cuando podemos caer en el orgullo y la vanagloria personal. Sentir que el grupo sin nosotros no avanzara, o incluso que si surgiera otro maestro en lugar nuestro, jamás nos podría igualar o superar. y eso es un error muy grave.

Siempre debemos mantener los pies en el suelo, no evadir la realidad y darnos cuenta que si no fuera por la Gracia de Nuestro Señor Jesus, no podriamos hacer nada de lo que estamos haciendo.

Es el Santo Espíritu de Dios quien reparte los dones, como Él así lo considera; y si hemos sido llamados a su obra, debemos reconocer el privilegio que tenemos como tales, de ser llamados sus hijos.

Por lo tanto, si somos buenos en el ministerio infantil o de adolescentes, es porque Nuestro Señor nos lo permitió. Nos dio la capacidad de aprender a manejarnos con niños, la empatia para ponernos en el lugar de los pequeños, la facilidad para realizar manualidades biblicas o quizas la capacidad para aprender de quien sabe mas que nosotros.

Todo lo aprendido se vierte en el ministerio infantil. Todas las destrezas que tenemos se aplican ahí: la capacidad para contar historias, fabricar visuales, títeres o marionetas; elegir sabiamente la lección de la semana, preparar los recursos, los presentes para los niños, TODO NOS FUE DADO POR DIOS.

No significa que no tengamos talento para lo que hacemos, pero debemos recordar por quién lo hacemos. Además de ser espejos de Gloria para Nuestro Señor. Trabajamos para Él, por lo tanto todo debemos hacerlo con excelencia, como si fuera para el Señor y no para los hombres.

Debemos evitar que el orgullo, manche nuestro trabajo. Y que los de afuera, nos vean como un grupo de soberbios que sólo hace las cosas hipócritamente para mostrarse.

Siempre hay que recordar a Jesús, dándole la Gloria al Padre en cada cosa que hacía. Aprendamos de su humildad y de su amor incondicional por las almas, y será difícil caer en la soberbia o el orgullo de creernos autosuficientes. Porque después de todo, el deber de un verdadero cristiano es seguir los pasos de Jesús.

Espero que esta reflexión les haya servido. Que Dios los bendiga.

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